Mucho se ha hablado de Emilio Gutiérrez, el tipo de Lazcano que sufrió un atentado de Eta que destrozó su casa. Harto de que encima los proetarras se burlaran de él, la emprendió a mazazos con la taberna que la Eta tiene abierta en aquel pueblo. Establecimiento que funciona con el conocimiento del Juez Campeador señor Garzón, Zapatero e Ibarretxe, que amén de divirtiéndose en las tabernas esas, también los quiere dentro del parlamento a sueldo de sus víctimas. Y calla que no exija que se les faciliten unos armeros en el vestíbulo para que puedan guardar pistolas y pasamontañas antes de acceder a la sala de plenos vitoriana. Hombre, allí dentro encapuchados y pulsando en las votaciones con la punta del cañón de su pistola... darían el cante hasta para alguien como Ibarretxe, cuya policía no detiene un etarra ni por error.
Bueno, a quienes quieren igualar de algún modo la desesperación de un hombre como Emilio Gutiérrez, una víctima desamparada por esa cosa llamada Estado de Derecho, parangonándola con la inquina etarra, enterrándolo todo en mierda buenista, les prescribo la lectura de este impresionante artículo de mi amigo Agapito Maestre. Cómo sabes, maestro Maestre. En tierras del Quijote se dan estos tipos.
"Al cabo de un tiempo, aunque el profeta se desgañitara gritando en su piedra, nadie le hacía caso, de hecho, ya le habían robado las sandalias y la túnica, sin embargo, él seguía predicando, uno y otro día, semana tras semana.
Un día, llegó al pueblo un viajero que nada sabía ni del pueblo, ni del profeta; al verlo hablando solo en su piedra, se acercó a escuchar lo que decía con voz temblorosa; al terminar le dijo: oye, ¿estás loco? nadie te escucha, nadie te hace caso, nadie te cree ni te sigue, ¿a quién quieres convencer con tus palabras?
A lo que el profeta respondió: "No, yo no predico para convencer a nadie, yo predico para que ellos no me convenzan a mí."
27/01/1979 Mi padre, Jesús Ulayar, vasco, navarro y español, es matado a tiros en Echarri Aranaz (Navarra) por el etarra Vicente Nazábal conmigo como testigo.
La ETA calló a balazos a Jesús Ulayar con el fin de amedrentarnos a todos. Antes del asesinato, el separatismo vasco en general insultó su buen nombre y su memoria y amargó la vida de quienes quedamos, mi madre y sus cuatro hijos.
El ciudadano que quiere reconocerse tal no calla. Y no callaré.
Reportaje de Javier Marrodán sobre la familia Ulayar Diario de Navarra, 3.12.2000